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Hace 20 años, se encontraron restos humanos en la Colonia de Alienados B. Etchepare. Más de 20 cuerpos sin poder ser identificados, ni advertidos antes de morir. Algunos años después, se han seguido encontrado cuerpos sin tiempo de sepultura con nombre. Y no acaba ahí: hace tres años falleció nuevamente alguien en la Colonia Etchepare, trágicamente, comido por los perros, pero – esta vez – con nombre: Carlos Grecco.

Nada es casualidad. La instalación del capitalismo conllevó históricamente la exclusión de aquellas personas que no se adaptan a dicho sistema. ¿Qué idea se encontró? La construcción social y política de la locura como peligro, como terror, y con ello, la necesidad de exclusión y aún más, el olvido y así, la eliminación. El capitalismo cala hondo en nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras relaciones, nuestros modos de ser. Quien no “sirve”, queda afuera. Y así se ejercieron planes sistemáticos (con sus prescripciones y justificaciones psiquiátricas) de exclusión y aislamiento a quienes no cumplieran con determinados modos de ser.

En Uruguay estuvo vigente hasta el año pasado la Ley del Psicópata, aprobada en la dictadura de Gabriel Terra  en 1936. En los años 2000 fue creciendo la necesidad juntarse, pensar y problematizar esta situación. No se trata de un hecho aislado. Se trata de una respuesta planificada por el sistema en el que vivimos, que intenta aplastarnos diariamente. Comenzamos a darnos espacio para preguntarnos ¿cuántas son las personas fallecidas trágicamente en las Colonias de alienados y Hospitales Psiquiátricos en nuestro país en los últimos 20 años?, ¿en qué condiciones?, ¿cómo fueron investigadas? ¿Cómo es que hemos naturalizado e invisibilizado durante décadas el encierro en Instituciones Asilares sin posibilidades de vida comunitaria para las personas y con la presencia de un tutelaje de institucionalización mortífero? Fue así que en los últimos años varias organizaciones y colectivos, tomando ejemplos de reformas legales en torno a la salud mental acontecidas en la región (Brasil y Argentina son un ejemplo) iniciaron una lucha por una nueva ley de Salud Mental. El proceso de legislación que finalizó en agosto de 2017, con la promulgación de la Ley de Salud Mental 19.529, escasamente ha incluído en el debate una autocrítica y asunción de responsabilidades acerca de la vulneración de derechos provocados por las condiciones del encierro y la lógica manicomial.

La presente separata aporta a continuar con la problematización de esta temática. A colaborar con el pienso y la reflexión. Contamos con miradas regionales, como las de ATE Salud Mental- Rosario (Argentina) y la de Daniel Fernando Fischer Lomonaco y Lucas de Carvalho de Amorim de Brasil así como las miradas nacionales de Cecilia Baroni (integrante del Colectivo Radio Vilardevoz) y la Asamblea Instituyente por desmanicomialización y vida Digna. Aportes históricos como el de Nicolás Duffau así como el de Alfredo Perdomo vinculado a prácticas antimanicomiales. También los textos de Andrés Techera y Aisllan Assis sobre la Red Latinoamericana de Derechos Humanos y Salud Mental, del Grupo de Salud Mental Comunitaria de la UdelaR sobre la aprobación de la ley de salud mental, de Dulcinea Cardozo del Espacio Cultural Bibliobarrio y de Estefanía Pagano Artigas sobre arte y locura.

En las marchas por salud mental, desmanicomialización y vida digna que se realizan cada mes de octubre en Montevideo, se puede escuchar el canto:

“Carlos Greco, Carlos Greco
No te vamos a olvidar.
Si el Estado son los perros,
algo tiene que cambiar”.

Con esta separata queremos sumarnos al canto, a la marcha, y a las instancias de reflexión y debate que están impulsando diferentes colectivos sobre el tema. Porque todo tiene que cambiar.

* Esta separata, y el texto de la presente editorial, fueron realizados en co-autoría entre HI y Nelson de León, a quién agradecemos mucho su participación.